jueves, 30 de diciembre de 2010

PAREJA


Andaban por Pareja en plena euforia festiva cuando estuve en el pueblo la última vez. Fue en la segunda semana del mes de septiembre y en el pueblo celebraban su fiesta en honor de la Virgen de los Remedios. La Plaza Mayor, que es la de la copuda olma y la de los palacios y casonas dejados al olvido, respiraba aires de cansancio. En toda la Alcarria, y en Pareja de manera muy especial por tratarse de uno de los pueblos más ligados al hilo de la costumbre, las fiesta mayores se viven con entusiasmo, pues es bien entrada la mañana cuando a la gente joven que aún deambula por las calles se le ve derrotada a causa de los excesos. Quedan bajo la vieja olma y aledaños los cachivaches de la fiesta, unos cuantos hombres cumplidos en edad y algunos niños que saltan en la cama elástica como únicos supervivientes. Mañana de resaca la que me llevó por allí, que en nada me privó para recorrer por enésima vez las calles del pueblo, un pueblo y unas calles que siempre se me antojaron cargadas de misterio, tal vez por esos rincones antiguos con los que uno se encuentra al andar adornados de flores y de rejas centenarias, por la estampa decrépita del palacio de los obispos de Cuenca que sirve de fondo a la plaza, por el sueño alabastrino de los escudos de armas con los que se ven selladas algunas de sus casas viejas, o quizás por el recuerdo de aquellas pobres mujeres del siglo XVI que la gente tildó de brujas y sobre las que vino a caer, según queda constancia en los archivos de la Inquisición, lo más duro del peso de la ley.
Pareja se dispone a recibir al otoño en silencio, sonando muy de lejos los últimos clarines de su fiesta mayor, y preparado para seguir adelante en ese andar sin tregua del vivir de los pueblos.
Unos dicen que tres, otros que cuatro, pero no es posible dar noticia exacta de cuántos son los siglos que la olma de Pareja lleva dando sombra a las gentes del lugar desde el centro mismo de su Plaza Mayor. Aseguran que las raíces se extienden por todo el pueblo. Una de sus ramas se desprendió del tronco a la altura de la cruz hace algunos años, sin causar mal alguno a las personas, lo que no deja de ser sorprendente, sabiendo que casi siempre, y en aquel instante también, hay algunos jubilados de tertulia bajo su sombra.
-Pues se libraron de puro milagro. Había unos cuantos ahí debajo y no les pasó nada. Se cayó una de las ramas principales, que debía de pesar bastantes cientos de kilos. Ahí se ve bien la señal que quedó en el árbol. Se le ha venido tratando y de momento se mantiene viva.
En un lateral de los tres que tiene la plaza, se ve sobre la pared de la antigua posada el juego de azulejos que recuerda el paso de Camilo José Cela en su primer viaje el día 11 de julio de 1946. Allí durmió y allí, por lo que se desprende de sus escritos, tuvo algún problema serio con el personal de la casa.
-Ya, claro; así lo cuenta él. Pero lo que no dice es que desde ese balcón de arriba le meó un chaval en la cabeza.

Como pueblo antiguo que es, y así lo acreditan los edificios y los escudos de armas que los sellan en varias de sus calles, la historia de Pareja, tan olvidada como intensa, merecería se entrase en ella con cierta meticulosidad por parte de quien corresponda. De su origen no será fácil recavar información fidedigna; sí, en cambio, de tiempos posteriores aunque lejanos a nosotros, sobre todo a partir de los últimos años del siglo XII y primeros del XIII, cuando Alfonso VII, el Emperador, donó la villa al obispo de Sigüenza, entrega que nunca se llegó a consumar, y sí cuarenta y dos años después con Alfonso VIII, que hizo efectiva la donación al obispo de Cuenca, San Julián, con algunas aldeas de su entorno, tales como Parejuela, Tabladillo, Chillarón y Hontanillas, entre otras.
En los aumentos a las Relaciones Topográficas enviadas a Felipe II durante su reinado, don Juan Catalina García López, insigne cronista que fue la provincia, da muchos e importantes datos acerca del pasado de Pareja así como de su vida y costumbres. Sirva de ejemplo la nota 22, que haciendo referencia a un acto que solía tener lugar en la fiesta de la Epifanía (cuaderno escrito en el año 1541) se dice: “Día de Reyes. Hay fiesta por Juan Montes, clérigo. Celebra Julián Toribio. Ha de llevar cada un año un ramo de un árbol con hostias y naranjas, cinco rollos grandes al pie, los cuatro para los beneficiados y el uno para el sacristán. Llevan el ramo tres diáconos, uno el ramo y los otros dos con dos cálices, y en el uno media libra de incienso para la iglesia y en el otro cincuenta maravedíes para el cabildo, y ofrécese toda la misa mayor. Se menciona en el libro de Memorias el altar y devoción de “las plagas”, y se citan las ermitas de Nuestra Señora de las Nieves, de San Gil, de Santa Ana y de algunas otras.”
A la vista del interesante tratado sobre la historia particular de esta villa, remito al lector a la citada obra de Juan Catalina García, editada en soporte CD recientemente por la Editorial Aache, junto a las relaciones y aumentos de otros 165 pueblos de Guadalajara.

En Pareja se respiran, no obstante, aires de renovación. Me he asomado, desde el final de una calle que parte de la plaza, a las instalaciones del polideportivo, de la piscina municipal, y he dado después una vuelta completa por el pueblo, comprobando que las nuevas infraestructuras que, según parece, no son otra cosa que el pórtico de lo que Pareja pretende ser en el futuro, pensando en la única salida que tantos de nuestros pueblos tienen para sobrevivir con cierta dignidad: el turismo. Como monumentos a destacar cuenta el pueblo con la monumental iglesia de la Asunción y con el Torreón, aparte de los palacios de la plaza propiedad de particulares y de una valiosa rejería que completa con todo lo demás la herencia de su pasado; pero tiene también a cuatro pasos las aguas del pantano que, si se las respetasen, significarían una importan ayuda para ese desarrollo turístico del que nos habló Francisco Javier del Río, el joven alcalde de la villa, que sueña con el azud ya concluido y con tantas cosas más en favor de su pueblo.
-Sí; el azud es un proyecto ilusionante para el que se colocó la primera piedra en el pasado mes de enero, y que será de gran beneficio para ese desarrollo turístico en el que pensamos. Estaba incluido en el Plan Hidrológico Nacional. Nos gustaría verlo acabado para el verano próximo. Serviría para llevar acabo actividades náuticas, un deporte para todo tiempo, pero que en determinadas épocas del año traería turismo al pueblo.
-Y un “paseo marítimo” –pregunto-, que tanto agracia a los municipios de la costa, incluso del interior, que tienen el agua tan cerca como la tienen aquí. Me consta que es parte también de su preocupación como alcalde.
-Claro que lo es, e igualmente lo tenemos en proyecto. Sería como un camino que uniese directamente al pueblo con el pantano. Un camino peatonal con mobiliario público suficiente e iluminación, y un carril de bicicletas que hiciera más fácil el trasladarse hasta el pantano, sobre todo para la gente joven y para quienes deseen emplear ese medio de transporte.
-¿Cómo son sus conciudadanos en relación con el ayuntamiento, y en particular con el alcalde?
-Supongo que habrá de todo; pero lo cierto es que la gente en Pareja es excepcional. Es lo mejor que hay en el pueblo. Eso nos anima cada día a trabajar y a dar por buenos los inevitables sinsabores y preocupaciones que, por lo general, los cargos de alcalde y de concejal llevan siempre consigo.

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